Mi forma de vivir la espiritualidad.

Hola almas de luz,

Les doy la bienvenida a estas nuevas páginas de mi cuaderno personal.

Hoy vengo a contarles qué es para mí ser espiritual y cómo viví la espiritualidad desde mi propia experiencia.

Nací, crecí y fui educada bajo los principios de la iglesia católica.

Cuando era chica, siempre tuve mi inclinación a creer en el más allá: en cosas fantásticas, en hadas, espíritus y toda la magia que puede existir. Pero en esos momentos yo iba adelante con lo aprendido, con lo conocido.

Cuando crecí, los caminos me guiaron a experimentar en prácticas, métodos y también en alguna que otra religión. Luego dejé de sentir el llamado a muchas cosas que antes sí, lo que indicaba que iba creciendo, que iba abriendo mi mente a otras visiones.

Si bien en el presente no me considero determinada por ninguna religión, agradezco profundamente a la religión que tuve en su momento. Me brindó esperanza, me enseñó a creer en que en el mundo hay algo más, a perseverar… pero sobre todo me enseñó a tener FE.

Y creo que eso, simplemente tener fe y confiar en lo divino, es ser espiritual.

Siento que no hace falta vivir en prácticas holísticas para ser espiritual.

Cada humano vive la espiritualidad como la siente: con su dios, con su creencia, a su manera. Y está bien así.

Ser espiritual para mí es no estar todos los días bien, no ser siempre positivo, no tener respuestas para todo. Simplemente es vivir una vida presente y usar algunas herramientas para afrontar lo que la vida nos pone enfrente.

En la actualidad, escuché varias veces hablar sobre un «personaje espiritual»: aquel que practica terapias alternativas y que, supuestamente, es más feliz, más paciente, más humano. No estoy de acuerdo con esa idea. La espiritualidad no nos hace mejores que nadie. Nos hace más conscientes de nuestro camino, pero no superiores al de los demás.

Cuando creemos que nuestra forma de vivir la espiritualidad es «la correcta» y juzgamos a quienes eligen diferente, el ego está más presente que nunca. Y ahí nos alejamos de lo que realmente significa ser espirituales: vivir desde el respeto, la compasión y la humildad.

Hoy en mi presente siento que no tengo una religión ni una preferencia.

Sin embargo, tomo todo aquello que resuene, todo aquello que me hace bien y siento que me ayuda en mi evolución personal.

Mi propósito hoy es acompañar procesos desde este lugar: no para decir qué hacer, sino para ayudarnos a escucharnos. A volver a nosotros mismos. A confiar en nuestra propia verdad.

Si llegaste hasta aquí, a leerme y sobre todo a entender, te agradezco de corazón.

Con amor,

Lola.

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