Volver al ritmo del cuerpo.

Hola, almitas de luz.

Les doy la bienvenida a esta nueva hoja de mi cuaderno.

Hoy quiero compartir con ustedes mi mirada sobre los ciclos reales y sobre la “máquina” que nos enseñaron a ser y que por defecto muchas veces creemos que somos.

Aún estoy aprendiendo a parar.

A entender que detenerse, sin hacer, también está bien.

A aceptar que en los momentos en los que estamos cansadas, descansar no es algo negativo, no nos hace menos productivas ni, en mi caso menos mujer (sobre todo viniendo de una energía masculina muy marcada).

Siento que este es uno de esos patrones entrometidos y profundos, de los que llevan tiempo, presencia y trabajo diario.

Durante mucho tiempo de mi vida viví siempre a mil: estudiar, trabajar, entrenar, salir, juntarme… y todo lo que “había que hacer en mi agenda de un día”.

Y si estaba en casa, también era hacer, hacer y hacer: limpiar, cocinar, ordenar el placar etc.

Estar aburrida parecía estar “de más”.

Y sin embargo, el aburrimiento muchas veces nos trae creatividad y sobre todo, nos trae encuentro con nosotras mismas.

Esto que siento es probable que le pase a muchas otras personas.

Y no lo digo señalando a la familia, sino a nivel social.

El modelo en el que vivimos no nos permite parar.

No nos dice: quédate en tu casa, descansá, leé un libro, no hagas nada… sin juzgarte.

Nos dice que hagamos, que seamos productivos sin importar el día, la hora, el mes o los ciclos.

Independientemente del trabajo que tengamos o de la familia con la que vivamos, estar “sin hacer nada” suele estar mal visto.

Como se diría en mi país: estás al pedo.

Y con esto no intento hacer una apología del no hacer absoluto, ni de pasar los días mirando una serie sin conciencia.

Sino invitar a preguntarnos algo más profundo:

¿Cuántas veces al día nos escuchamos de verdad?

¿Nos damos un momento, aunque sea breve, para respirar profundamente y reconectar con lo que vemos, sentimos y escuchamos?

¿Cuántas veces desayunamos con calma?

¿Cuántos fines de semana dejamos los dispositivos para conectar con lo real, con lo que está presente?

Desde el Ayurveda y al igual que la naturaleza nosotros también somos cíclicos.

Y aquí me detengo especialmente a hablar de las mujeres.

Tenemos un ciclo en el que suceden diferentes eventos, energías y fuerzas.

Gracias a la unión del Ayurveda con la autoescucha y la autoobservación puedo ver cómo, incluso dentro de un mismo mes, las energías naturales (las gunas) están más o menos presentes según el momento que atravesamos.

Es en esos momentos donde sentimos más hambre, más cansancio, menos ganas de hacer actividad, menos ganas de crear, y más necesidad de estar en silencio, con nosotras mismas.

Pero claro…

¿Cómo darnos ese tiempo para escuchar y observar si nunca podemos detenernos, o si hacerlo está mal visto?

Cuando entendí que era válido decir “hoy no tengo ganas” que podía no asistir, no hacer o incluso pedir ayuda (algo también muy ligado a la energía masculina de cargar y sostener todo) empecé a ver las cosas de otra manera.

Cuando nos observamos y podemos identificar en qué etapa de nuestro ciclo estamos, empezamos a preguntarnos:

¿Qué me está pasando hoy?

¿Por qué me siento así?

Y entendemos que es normal.

Que somos parte de ciclos.

Que no forzarnos a hacer solo porque así lo marca la rutina del gimnasio, la alimentación o el calendario, es uno de los actos más amorosos que podemos tener con nosotras mismas.

Siento que esto también es una forma de volver a ser un poco más soberanas.

Aunque sea de nuestro cuerpo, de nuestras ideas y de nuestros sentimientos.

De frenar un poco el ruido de todo lo que está “allá afuera” para poder escuchar lo que está pasando “aquí dentro”.

Si llegaste hasta el final, gracias por leer.

Con amor,

Lola

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *