Hola almita de luz, qué alegría que estés aquí, leyendo estas primeras líneas de mi cuaderno sagrado.
Hoy vengo a contarte, desde adentro, cómo llegó REIKI a mi vida y cómo me transformé en reikista.
Mi transformación comenzó el día que emigré de mi país.
Allí, en medio de lo desconocido, empezó mi verdadera conexión conmigo misma.
Hace ya cinco años, trabajando en un restaurante, conocí a una personita que parecía venir de otra vida.
Hablábamos horas sobre coincidencias y misterios…
Hasta que un día me miró a los ojos y me dijo:
“Tenés que iniciarte en Reiki.”
Lo veía muy lejano.
Ya había probado Reiki años atrás y no me había resonado… pero sus palabras sembraron algo en mí.
Una semillita que quedó vibrando, esperando su momento.
Pasaron los años.
Explore otras terapias:
registros akáshicos, tarot evolutivo, biodescodificación, constelaciones familiares…
Cada experiencia acompañó mis movimientos entre países, guiándome sin que lo supiera hacia mi presente transformador.
Y entonces, en un momento de total confusión del mundo, de mi vida, de mí misma
en medio de preguntas sin respuesta, emociones revueltas y días difíciles…
apareció Reiki.
Pero esta vez no como una terapia más
sino como un camino
una forma de vivir.
Quise entenderlo desde dentro, pasarlo por mi cuerpo, abrirme a esa energía universal que siempre estuvo ahí esperándome.
Para quienes aún no conocen muy bien qué es Reiki:
es la energía sagrada que habita en el cosmos,
la luz vital que podemos canalizar para sanar, elevarnos y volver a nosotros.
Una técnica japonesa de imposición de manos que transmite esa fuerza divina que todo lo sostiene.
Dije que sí.
Y como todo nuevo hábito, al principio no fue fácil.
El ego y la voluntad se cruzaron más de una vez.
Pero algo en mí sabía que ese era mi camino
mi sanación, mi verdad, mi despertar.
Reiki I abrió mi puerta interior.
Reiki II me invitó a compartir esta luz con otros sin importar tiempo y espacio.
Reiki III me dio confianza, seguridad y la certeza de que estoy donde tengo que estar.
Expandir la luz es parte de mi sendero.
Hoy elijo vivir en Reiki.
No sólo cuando doy una sesión,
sino en la manera en que hablo, siento, respiro, agradezco.
Mi día a día se llena de símbolos, frases, gestos pequeños que iluminan.
Siento que ningún camino es lineal.
Hay días brillosos y días grises,
pero cada uno trae un aprendizaje.
Y reconocerlo también es sanar.
Y vos…
¿Ya te diste el espacio para descubrir la terapia de Reiki?
¿Te animas a sentir esta energía en vos?
Te abrazo, con amor.
Lola.
